Sostenme la cabeza en una mano
El coleccionista dejó esto anotado en un papel, yo lo recogí en un descuido.
Gepe. Gepinto. ¿Puede llamarse alguien realmente así? Macarrónico nombre el que este artista usa. Eso me habla de alguien que intenta ocultarse. Quizá de alguien tímido. No habría dejado sonar ni treinta segundos de esta obra, de no ser por ella. Ya se marchó, pero se dejó esto olvidado. Y ahora no puedo pararla. Me atosiga, me embelesa, me abruma. Me quita la respiración esa tibia voz y eso, qué extraño, hace que me duela un poco menos... Ella entró con los pies fríos, ella preguntaba demasiado a menudo. Pero me queda Gepe, torturándome. No hace sino sonar y sonar, pero esto no es verdadera música, pura música. Es mi escrúpulo, mi escalpelo, no lo voy a dejar caer. Es demasiado sencillo encantar en una canción, fisgonear dentro de un corazón incauto. Es demasiado fácil hacer sudar al cuerpo, frecuentar los aburrimientos domésticos con un poco de fantasía. Pero pocas, algunas canciones, logran abombar el tiempo y manejar su curvatura hasta el infinito... Eso es, eso es. Lo demás, fórmulas obvias y predecibilidad gastada.
Pero todo es perversión y tortura en esta obra, todo cuadra, ella lo dejó y todo tiene aún más valor y menos sentido. Sobre la cama se ha olvidado una obra generosamente llena de ese clase de canciones. Sí, sí, la susceptibilidad es mi escalpelo. Me he sentido timado demasiadas veces. Necesariamente, necesariamente ha de haber algo detrás. Un magma interno que corra, que recorra la canción, que la rellene con algo más que aire. "Se me desajusta el centro" (Sal). Necesariamente se ha de justificar -en el seno de la canción, dónde si no- cada giro. Aquí hay canciones sólidas como estatuas, etéreas como bocanadas. Y además completamente inocentes. Es como decir que son culpables, culpables de obsesionarme por desentrañar su secreto. Pero inocentes. No saben su secreto, sólo lo escupen. Fatigosas hetairas. "Lo estoy haciendo sin querer. No estoy forzando la voz." (Nihilo). Quizá ella sepa algo más.
Gepe sabe, extrañamente sabe. Es como si creara desde un lugar muy cercano, desde la habitación aquí detrás del respaldo de esta cama. Tan helada. Es como si estuviese leyendo aquí dentro, en este cuaderno. Fuera lo superfluo, al abismo con el adorno, con el estúpido oropel, lo innecesario a la horca, al paredón con la arbitrariedad. "Y si no tengo na que decir, y si no tengo na que cantar, pa qué pierdo el tiempo así, si lo dicho ya dicho está". ¿Quién es, quién es que traduce mi alma? Gepe, Gepe, ¿sientes tú también esta losa? ¿Sientes tú que el mundo está innecesariamente habitado por la horrorosa fealdad, que se muere a diario el buen gusto? ¿Qué es la enfermedad de los ojos si no la imposibilidad de detener la búsqueda?
He dejado suspendido el hilo de araña del que tenía previsto colgarme esta tarde. He de escuchar nuevamente esta obra. Me emborrona la conciencia, y me hace arder. Creo que yo la he echado. Quiero terminar con todo, pero es sólo un ardid. "Déjame estar, no digas nada. Pero al estar, estamos al lado." (Namás). No sabía que uno podía morirse de entusiasmo. Ella se ha olvidado esto. ¿Dónde está? ¿Ahora con quién podré morirme de este entusiasmo?
Gepe. Gepinto. ¿Puede llamarse alguien realmente así? Macarrónico nombre el que este artista usa. Eso me habla de alguien que intenta ocultarse. Quizá de alguien tímido. No habría dejado sonar ni treinta segundos de esta obra, de no ser por ella. Ya se marchó, pero se dejó esto olvidado. Y ahora no puedo pararla. Me atosiga, me embelesa, me abruma. Me quita la respiración esa tibia voz y eso, qué extraño, hace que me duela un poco menos... Ella entró con los pies fríos, ella preguntaba demasiado a menudo. Pero me queda Gepe, torturándome. No hace sino sonar y sonar, pero esto no es verdadera música, pura música. Es mi escrúpulo, mi escalpelo, no lo voy a dejar caer. Es demasiado sencillo encantar en una canción, fisgonear dentro de un corazón incauto. Es demasiado fácil hacer sudar al cuerpo, frecuentar los aburrimientos domésticos con un poco de fantasía. Pero pocas, algunas canciones, logran abombar el tiempo y manejar su curvatura hasta el infinito... Eso es, eso es. Lo demás, fórmulas obvias y predecibilidad gastada.
Pero todo es perversión y tortura en esta obra, todo cuadra, ella lo dejó y todo tiene aún más valor y menos sentido. Sobre la cama se ha olvidado una obra generosamente llena de ese clase de canciones. Sí, sí, la susceptibilidad es mi escalpelo. Me he sentido timado demasiadas veces. Necesariamente, necesariamente ha de haber algo detrás. Un magma interno que corra, que recorra la canción, que la rellene con algo más que aire. "Se me desajusta el centro" (Sal). Necesariamente se ha de justificar -en el seno de la canción, dónde si no- cada giro. Aquí hay canciones sólidas como estatuas, etéreas como bocanadas. Y además completamente inocentes. Es como decir que son culpables, culpables de obsesionarme por desentrañar su secreto. Pero inocentes. No saben su secreto, sólo lo escupen. Fatigosas hetairas. "Lo estoy haciendo sin querer. No estoy forzando la voz." (Nihilo). Quizá ella sepa algo más.
Gepe sabe, extrañamente sabe. Es como si creara desde un lugar muy cercano, desde la habitación aquí detrás del respaldo de esta cama. Tan helada. Es como si estuviese leyendo aquí dentro, en este cuaderno. Fuera lo superfluo, al abismo con el adorno, con el estúpido oropel, lo innecesario a la horca, al paredón con la arbitrariedad. "Y si no tengo na que decir, y si no tengo na que cantar, pa qué pierdo el tiempo así, si lo dicho ya dicho está". ¿Quién es, quién es que traduce mi alma? Gepe, Gepe, ¿sientes tú también esta losa? ¿Sientes tú que el mundo está innecesariamente habitado por la horrorosa fealdad, que se muere a diario el buen gusto? ¿Qué es la enfermedad de los ojos si no la imposibilidad de detener la búsqueda?
He dejado suspendido el hilo de araña del que tenía previsto colgarme esta tarde. He de escuchar nuevamente esta obra. Me emborrona la conciencia, y me hace arder. Creo que yo la he echado. Quiero terminar con todo, pero es sólo un ardid. "Déjame estar, no digas nada. Pero al estar, estamos al lado." (Namás). No sabía que uno podía morirse de entusiasmo. Ella se ha olvidado esto. ¿Dónde está? ¿Ahora con quién podré morirme de este entusiasmo?
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