Sunday, March 04, 2007 at 6:59 PM

Por cuánto tiempo

"Éste es también el origen de toda actividad artística y tan sólo en el arte puede el hombre hallar la dicha; en especial, en la música. No obstante, esta dimensión estética es accesible exclusivamente a una minoría. E incluso para ellos, no supone más que un instante en un tiempo insoportablemente largo." (Filosofía del Tedio, Lars Svendsen, en relación a Schopenhauer).

Se desliza, agua entre los dedos, la saliva gruesa que le gotea indolente mientras se pregunta, balbuciendo como un niño: ¿por cuánto tiempo?

Han pasado las noches, y los días, sin apenas descerrojar la puerta o descorrer las cortinas. Se ha habituado a su insufrible soledad y vive dentro del eco, del espantoso eco de su cámara que le devuelve una, y otra, y otra, y otra vez la pregunta, mientras absorbe los mocos y el salino producto de su miseria intelectual. ¿Por cuánto tiempo, por cuánto tiempo más habré de vivir entre estos muertos ululantes sin alma?

Labels: , , , , , ,

7 comments

Wednesday, January 17, 2007 at 12:29 AM

Sostenme la cabeza en una mano

El coleccionista dejó esto anotado en un papel, yo lo recogí en un descuido.

Gepe. Gepinto. ¿Puede llamarse alguien realmente así? Macarrónico nombre el que este artista usa. Eso me habla de alguien que intenta ocultarse. Quizá de alguien tímido. No habría dejado sonar ni treinta segundos de esta obra, de no ser por ella. Ya se marchó, pero se dejó esto olvidado. Y ahora no puedo pararla. Me atosiga, me embelesa, me abruma. Me quita la respiración esa tibia voz y eso, qué extraño, hace que me duela un poco menos... Ella entró con los pies fríos, ella preguntaba demasiado a menudo. Pero me queda Gepe, torturándome. No hace sino sonar y sonar, pero esto no es verdadera música, pura música. Es mi escrúpulo, mi escalpelo, no lo voy a dejar caer. Es demasiado sencillo encantar en una canción, fisgonear dentro de un corazón incauto. Es demasiado fácil hacer sudar al cuerpo, frecuentar los aburrimientos domésticos con un poco de fantasía. Pero pocas, algunas canciones, logran abombar el tiempo y manejar su curvatura hasta el infinito... Eso es, eso es. Lo demás, fórmulas obvias y predecibilidad gastada.

Pero todo es perversión y tortura en esta obra, todo cuadra, ella lo dejó y todo tiene aún más valor y menos sentido. Sobre la cama se ha olvidado una obra generosamente llena de ese clase de canciones. Sí, sí, la susceptibilidad es mi escalpelo. Me he sentido timado demasiadas veces. Necesariamente, necesariamente ha de haber algo detrás. Un magma interno que corra, que recorra la canción, que la rellene con algo más que aire. "Se me desajusta el centro" (Sal). Necesariamente se ha de justificar -en el seno de la canción, dónde si no- cada giro. Aquí hay canciones sólidas como estatuas, etéreas como bocanadas. Y además completamente inocentes. Es como decir que son culpables, culpables de obsesionarme por desentrañar su secreto. Pero inocentes. No saben su secreto, sólo lo escupen. Fatigosas hetairas. "Lo estoy haciendo sin querer. No estoy forzando la voz." (Nihilo). Quizá ella sepa algo más.

Gepe sabe, extrañamente sabe. Es como si creara desde un lugar muy cercano, desde la habitación aquí detrás del respaldo de esta cama. Tan helada. Es como si estuviese leyendo aquí dentro, en este cuaderno. Fuera lo superfluo, al abismo con el adorno, con el estúpido oropel, lo innecesario a la horca, al paredón con la arbitrariedad. "Y si no tengo na que decir, y si no tengo na que cantar, pa qué pierdo el tiempo así, si lo dicho ya dicho está". ¿Quién es, quién es que traduce mi alma? Gepe, Gepe, ¿sientes tú también esta losa? ¿Sientes tú que el mundo está innecesariamente habitado por la horrorosa fealdad, que se muere a diario el buen gusto? ¿Qué es la enfermedad de los ojos si no la imposibilidad de detener la búsqueda?

He dejado suspendido el hilo de araña del que tenía previsto colgarme esta tarde. He de escuchar nuevamente esta obra. Me emborrona la conciencia, y me hace arder. Creo que yo la he echado. Quiero terminar con todo, pero es sólo un ardid. "Déjame estar, no digas nada. Pero al estar, estamos al lado." (Namás). No sabía que uno podía morirse de entusiasmo. Ella se ha olvidado esto. ¿Dónde está? ¿Ahora con quién podré morirme de este entusiasmo?

Labels: , , , , , , ,

9 comments

Thursday, December 28, 2006 at 3:38 PM

Ecos

“In most musical instruments the resonator is made of wood while the actual generator is of animal origin. In cultures where music is still used as a magical force, the making of an instrument always involves the sacrifice of a living being. That being’s soul then becomes part of the instrument and in the tones that come forth, the ‘singing dead’, who are ever present with us, make themselves heard”. Joscelyn Goodwin en Harmonies of Heaven and Earth.


En las brillantes calles de la ciudad no hay espanto al silencio. El silencio se esconde, se agazapa, es débil, poca cosa en las calles. No se le puede sentir, apretando, hiriendo carnes, adueñándose por dentro de uno, hasta el borde de las terminaciones nerviosas. El silencio es una calle quieta. El coleccionista ve pasar las calles bajo sus pies como cinta transportadora, haciéndose duración, ocupando el lugar del silencio.

Ese asesino silencio empujó al coleccionista fuera de su cámara. Lo lleva empujando muchos días. Allí se ha rodeado, voluntariamente, de silencio, pero hay días en que no puede tolerarlo. Los ecos se derraman a sus anchas por los pasillos, ofreciéndole el espectáculo de su soledad. Con frecuencia cada vez más dispersa, a veces, el coleccionista inserta clavijas y engancha cables, y hace sonar alguna música. El tiempo se estira interminablemente en compañía de sus tesoros –ellos se expresan en el espacio, ellos no mutan. Pero el sonido.

El sonido es digno de asombro. Necesita espacio para ser pero, en sí, ES tiempo. Los sonidos, tan volátiles, tan imprevisibles, tan fantasmales. Una vibración muere tan pronto como otra nace. Es la inconstancia misma, es lo formidable del sonido.

El coleccionista se ha detenido. Las calles, bajo sus pies, se han detenido. Centenares de luces parpadean, en incógnita sinfonía. Cuanto se diga de los sonidos es posible decirlo de la música. Si bien siempre se desarrollará en el espacio, la música VIVE en el tiempo. Es duración, pero duración cualitativa. Es leche con chuchoca. Es lluvia con sol. La música, en cuanto que duración, tiene la capacidad de suspender la duración, el transcurso. Música, esto es, en su estado más puro; lo concreto que es lo abstracto de la música; el sonido cualitativo. El golpe acompasado, la armonía de las cuerdas en vibración, el grito modulado, pero inarticulado.

Es un vehículo, un canal, un lenguaje sin traducción posible y por tanto, cognoscible. Música, fermento emocional, aquello que expresa todo, y nada, aquello que nos conecta con el más allá, con los muertos, con lo divino, o con el centro de nosotros, con el alma, con el vacío que se acrecienta dentro pero que, ahora, ha dejado de dar miedo. Previo a la existencia del símbolo, hicimos música. Para no pensar, para arrancar una brizna de certeza al mundo. Para idiotizarnos en el éxtasis o hallar una senda de vuelta al niño que fuimos. Ponernos en contacto.

La música, dice el coleccionista deteniendo sus pies, está hecha de tiempo; pero lo viste, lo desviste, lo hace experimentable, dejamos de sentir el dolor de tener que dotarlo de sentido. Nos hace sentir instantáneos, inmortales. Llenar los vacíos del tiempo. Llenarse los bolsillos de arena y llenar las bocas de besos. Llenar los vacíos entre tú y yo, eso es comunicación. Allí donde los ecos aniquilan al silencio, se refugia estos días el coleccionista.

Labels: , , , , , , ,

0 comments